¿Crees que la espiritualidad es tu tipo de caja?

Si has leído el post anterior y has resonado con él, es normal que ahora te preguntes por qué algunas personas ven la astrología —o cualquier lenguaje espiritual— como algo válido y otras no.

Y aquí vuelve la misma idea: depende de la caja desde la que viven.

Hay personas que interpretan la realidad desde un marco simbólico, energético o espiritual. Otras la interpretan desde la ciencia, la biología o la psicología. Y ninguna de esas miradas es “incorrecta” por sí misma.
Solo puede volverse un problema si ese marco empieza a generar disfuncionalidad.

Pero la trampa está en cómo definimos “disfuncional”.

La ciencia mide lo visible. La espiritualidad, lo que sientes cuando nadie mira.

Desde la ciencia o la psicología, disfuncional significa que tu día a día queda afectado.
No puedes trabajar, no puedes relacionarte, no puedes sostener tu vida práctica.

Pero desde una mirada espiritual, la disfuncionalidad aparece antes:
cuando aunque puedas hacer tu vida, por dentro estás desconectado del motivo.
Desconectado de la profundidad.
Desconectado de esa conciencia que te sostiene.

La ciencia a esto lo llamará fe, religión, creencia.
Pero sólo quien lo ha sentido entiende que no va de dogmas: va de haber tenido aunque sea una vez esa experiencia interna de unión, de “algo más”, de sentido.

Si nunca has vivido esa chispa, si nunca has tenido esa sensación de conexión que te sacude por dentro, es posible que ningún lenguaje espiritual te llegue del todo, por mucho que te lo expliquen.

Mi contenido no es universal. Y no tiene por qué serlo.

Mi trabajo no es convencer a nadie.
Mi trabajo es hablarle a la gente que ya ha sentido algo.
A las personas que saben —aunque sea a un nivel íntimo— que la vida tiene capas.
Que hay un hilo que une las cosas.
Que no todo cabe en la caja de la lógica.

Si tú has conectado alguna vez con eso, aunque fuera por un segundo, ya tienes tu propio punto de entrada. Ya entiendes a qué me refiero cuando hablo de energía, de conciencia o de símbolos.

Y si aún no has tenido esa experiencia, no pasa nada.
Pero tampoco pasa nada si mis palabras no te encajan todavía.
Cada uno encuentra su lenguaje cuando le toca.

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